martes, 9 de mayo de 2017

Madre solo hay una

Quien me sigue sabe que no estoy muy de acuerdo en la celebración de fechas comerciales como el Día de San Valentín o Navidad; en muchos casos coincidimos con esa forma de pensar, son fechas que presionan para gastar dinero (aunque no se tenga), para ir a restaurantes, dar regalos y para apegarse a ciertos comportamientos establecidos que nada tienen que ver con la vida diaria ni con el peso real de nuestras relaciones afectivas. Pero en el Día de la Madre, las opiniones se dividen, ya que la figura materna es considerada como algo sagrado por los mexicanos (y en otras culturas por supuesto), generalmente el 10 de Mayo se reviste de un sentimentalismo exacerbado, se remueven muchas emociones, afloran el sentimiento de culpa y los discursos en cuanto al sacrificio de parte de las madres... nos volcamos en atenciones y regalos para ellas como agradecimiento por todo lo que han hecho por nosotros (incluido darnos la vida)… vamos a visitarla porque seguramente habrá preparado algo delicioso de comer para nosotros durante horas y aunque quede una pila de trastes sucios y la casa tirada… lo importante es que estuvimos con ella ¿no?.



La Procuraduría Federal del Consumidor asegura que es uno de los días en que los mexicanos gastamos más —equivalente a Navidad o Año Nuevo— y aunque la mayoría de las mamás esperan recibir objetos personales como regalo y reconocimiento —ropa, zapatos, perfumes, accesorios— o incluso dinero en efectivo, no faltan los ingenuos que se dejaron llevar por las “ofertas especiales” en electrodomésticos y artículos de limpieza que facilitarán las tareas obligadas de su madre adorada. 

El día 11 volvemos a la rutina de siempre… y las mamás también: cocinar (desayuno, comida, cena y almuerzos), limpiar, tender camas, barrer, trapear, lavar trastes, llevar y traer a los hijos a la escuela, a clases por las tardes y a las casas de sus amigas y amigos, bañarlos, recoger juguetes, recoger ropa, aspirar, hacer tareas, estudiar para exámenes, cuidar a los hijos en lo que el padre está en la oficina o sale con sus amigos o a reuniones de trabajo,  ir al supermercado, mantener la casa ordenada, recibir visitas, ir a la tintorería, a juntas escolares, comprar ropa, lavarla y plancharla, cuidar mascotas, reparar cosas que se han descompuesto en casa, cuidar enfermos y ancianos, ser guía para los hijos, escucharles, contenerles, sacar la basura, cuidar plantas, ir al banco... y cumplir con todas esas exigencias superficiales como verse bella, peinada, delgada y sonriente, a pesar del cansancio y del agotamiento permanentes.



Es una lista larga ¿verdad?, sobre todo para una sola persona… aprovechando esto, me gustaría hacer una reflexión sobre el valor real del trabajo que realizan la mayoría de las madres (si, TRABAJO, aunque muchos digan que las madres “no trabajan”, que  “solo se dedican al hogar” o que “el trabajo de casa no es un trabajo de verdad”). Te pregunto: 
¿Cuánto tendrías que pagar si contrataras a alguien (o a varias personas) para realizar estas tareas? ¿Qué valor tienen para ti todas estas actividades? ¿Tu aceptarías trabajar para alguien más haciendo todo eso sin recibir sueldo, prestaciones, aguinaldo ni vacaciones? ¿Crees que alguien aceptaría hacer estos trabajos para ti (incluidos fines de semana, noches y madrugadas) sin que le pagaras?

Vamos a hacer un cálculo de lo que tendrías que pagar si contrataras estos servicios:



Efectivamente, es lo que estás pensando. Esa cantidad de dinero es lo que debería ganar una madre de familia con dos hijos por más de 300 hrs. de trabajo al mes (más de 3,600hrs. al año). ¿Sabes de alguna madre que reciba una cantidad parecida por sus horas de trabajo y disponibilidad 24/7? 

Yo no… y me parece injusto, sobre todo porque no se considera como una aportación monetaria al hogar (además del sueldo con el que muchas mujeres contribuyen para beneficio de su familia al tener un trabajo simultáneo fuera de casa), se asume que es su obligación hacer esto y más “por amor”… me parece aún más injusto porque, en el caso de divorcios conflictivos, la ex pareja se niega a dar una indemnización o manutención para la madre aunque sea ella quien se encargó durante años de estas tareas sin cobrar y lo seguirá haciendo por su cuenta al separarse (una vez más, se asume que tiene que hacerlo gratis)… Un padre llamado Steve ya había hecho un cálculo parecido hace tiempo para reconocer en su esposa, Gloria … muchísima gente y medios digitales e impresos compartieron su blog (We are Glory), solo para decir que las madres son increíbles, pero no para hacer algo al respecto.



Justo ahora que se celebra el Día de las Madres, me parece un momento extraordinario para reflexionar… y es que rara vez se relaciona el día con la persona que es madre, con sus sueños personales, con sus metas individuales, sus gustos, sus miedos y lo que a ella le apasiona… más bien los mensajes, anuncios, canciones y eventos, se enfocan a la imagen de sufrimiento y abnegación (aplaudiéndolos para que nunca se acaben) de esos seres desinteresados, sacrificados y sumisos que son las madres, basta ver que, como mencioné anteriormente, las ofertas en las tiendas por esta celebración son de detergentes, jabones, jarciería, utensilios de cocina y electrodomésticos: ¡¡Hay que festejar a mamá con una nueva licuadora (para que nos siga cocinando a todos)!!.... ¿en serio?



Yo digo, ¿De qué vale enaltecer a las madres (a la tuya, a la de tus hijos, a las que te rodean) por un día, si el resto del año se abusa de su tiempo y trabajo? ¿De qué sirve un ramo de rosas o una lavadora de ropa nueva una vez al año, si cada día ignoramos lo que pide, la tiramos a loca, la hacemos repelar y no tomamos en cuenta sus necesidades personales (como descanso, resolver sus emociones, anhelos intelectuales, necesidad de contención y confianza)? 
¿De qué sirve conocer el costo monetario y las horas de trabajo mensuales de una madre promedio si se sigue ninguneando el trabajo del hogar y el cuidado de los hijos como “una tarea de mujeres” y seguimos justificándonos para no considerarlo un trabajo, como el trabajo de cualquier otra persona –empleado o emprendedor- que merece recibir un salario y/o utilidades? 
¿De qué sirve felicitar a las madres en Facebook si el resto del año las criticamos sobre su desempeño como madres y por la manera en que están educando “mal” a sus hijos o señalamos cada vez que falla como mamá y ama de casa?… y no hablo solo de la propia madre, sino también de otras madres, como la madre de tus hijos... es evidente que hay una diferencia de trato…



La maternidad es un trabajo sorprendente y apasionante, los hijos tienen un lugar muy particular en la vida de las madres, es cierto que hay muchas satisfacciones y nunca nada va a parecerse a lo que se siente por las hijas y los hijos, pero es tiempo de empezar a darle su justo lugar, apreciarla y reconocerla en todas las áreas de la vida, no solo en la sentimental. Es momento de empezar a ver a las madres como seres humanos que sienten, que necesitan, que aportan, que tienen límites, que tienen cuentas por pagar, que se cansan y a quienes urge ocupar un lugar productivo reconocido en la sociedad.


“El 10 de mayo todos celebran a su madre, aunque a muy pocos se les note”



Un estudio de UNICEF concluye que el 77% de las amas de casa no cree ser merecedora de un sueldo (ni si quiera se toma en serio esta posibilidad), se asume que el dinero que el esposo trae a casa es un favor, una dádiva, se considera que el techo y la comida son "pagos" más que suficientes y se genera un sentimiento de deuda y gratitud mal entendida- De vez en cuando, "sobra" algo de dinero para ella, ya que normalmente el sueldo del padre se destina a cubrir las necesidades básicas de la familia completa. Un 86% de las amas de casa asegura que cuidar de los suyos es parte de su responsabilidad y misión en la vida… ¿A cambio de qué? A cambio de cariño, de sentir satisfacción al darlo todo o como compensación por el dinero que ingresan los maridos cada mes.

Por si fuera poco, las amas de casa no reciben una pensión por jubilación a partir de su trabajo como madres (sólo tienen derecho a ella quienes han cotizado durante determinado tiempo en el Instituto Mexicano del Seguro Social), sufren discriminación fiscal por no contar con un ingreso propio y esto evita que la familia se vea beneficiada por deducciones fiscales.

Es 2017 y madres, padres, familias, empresas y gobierno debemos empezar a plantearnos posibilidades para una vida digna, justa y equitativa para todas las mujeres que son madres y trabajan en el hogar.

¿Qué tal empezar a asumir que la madre aporta muchos beneficios económicos a la familia y no solo recibe como un favor comida, techo y sustento?
¿Qué tal reajustar los gastos familiares para que la madre tenga dinero para gastar en lo que ELLA quiera (no en cosas para la familia)?
¿Qué tal escuchar sus necesidades y atenderlas? ¿Qué tal cuidar más de ella en el día a día (cuando necesita descanso, cuando se enferma, cuando requiere apoyo emocional y contención...)?
¿Qué tal hablar, proponer y exigir el reconocimiento legal de su trabajo y esfuerzo?
¿Qué tal que cada miembro de la familia se haga responsable de sus cosas y deje de enjaretárselas a su mamá sin preguntar si puede o quiere?
¿Qué tal cubrirla en su trabajo diario para que ella pueda realizar actividades personales cuando lo requiera o lo desee?
¿Qué tal dejar de asumir que la mamá hará, sacrificará y aguantará todo "por amor" y dejar de creer que mamá hace lo que hace sin pedir nada a cambio (abre los ojos, ¡también es persona!)?

Posibilidades hay muchas....

Si este artículo o las propuestas te molestan y te parecen una locura, tal vez es momento de que empieces a pensar sobre lo que te da miedo, sobre la incomodidad que te genera dejar de recibir servicios y atenciones gratis, sobre lo ilógico que te suena empezar a hacerte responsable y corresponder, sobre como te duele el codo con quien dices amar y respetar y no con otras cosas... ¡y resolverlo!



Un poco de historia del Día de las Madres en México:

El 13 de abril de 1922 —durante el gobierno de Álvaro Obregón—, en el diario Excélsior se publicó una nota en la que se invitaba a los lectores a difundir y celebrar, por primera vez, el Día de la Madre en México el 10 de mayo.

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, se promovió el festejo como una “celebración patriótica”, para fomentar la idea de que la familia es la base del Estado y para reducir —en vano— la influencia que la Iglesia ejercía sobre la población y en especial sobre las mujeres. La celebración se empezó entonces a animar desde las escuelas por medio de festivales infantiles en honor de las madres.
Para 1942 la fecha ya era tan popular que la celebración duró toda una semana. Un dato curioso de ese año es que el Monte de Piedad ofreció a todas las madres que podían reclamar, sin costo, sus máquinas de coser empeñadas.
Aunque el Día de las Madres no es una celebración oficial reconocida por el Estado, la mayoría de la gente se toma por lo menos medio día de trabajo para festejarlo.

Ser madre en México:

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró que entre los años 1969 y 2009, el promedio de hijos que tenían las mexicanas se redujo de 7 a 2.4 hijos debido a la política poblacional que comenzó en la segunda mitad de la década de los años 70 (“La familia pequeña vive mejor”), a los cambios socioeconómicos que aumentaron la escolaridad en la población, pero sobre todo, a que las mujeres tuvieron una mayor participación económica, social y política. 



¿Cuántas madres hay en México?

El censo poblacional de 2010, indica que en México residen 40.8 millones mujeres mayores de 15 años, de las cuales 71.6% han tenido al menos un hijo. Es decir: siete de cada diez.

Entre 1976 y 2009, el porcentaje de mujeres en edad fértil que emplearon métodos anticonceptivos pasó de 30.2 a 75.2%. El 13.6% de los nacimientos registrados en México durante 2009 fueron de adolescentes o mujeres jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 15 y los 19 años de edad.

La imagen de la madre que se queda en su casa para criar a los hijos, quedó relegada a la publicidad conservadora —y alejada de la realidad—, pues de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el segundo trimestre de 2012, la tasa de participación económica de las mujeres —mayores de 15 años con al menos un hijo— es de 44.1%, de las cuales, 97.9% combina sus actividades laborales con los quehaceres domésticos.

Según su situación conyugal, la tasa de participación económica más alta se da entre las madres solteras (71.8%), divorciadas (71.7%) y separadas (68.3%), es decir, casi siete de cada diez trabajan o buscan cómo sustentar su hogar.

Estas cifras revelan que 96.3% de las mujeres con hijos participan en la producción de bienes y servicios. El 35% de la población femenina con hijos trabaja en el sector informal, 33.5% en empresas y 17.4% en instituciones —por lo regular, de gobierno—. Por ocupación: 27.8% son comerciantes y 24.6% trabajan en servicios personales.

Por otra parte, 44.6% de las mujeres con hijos que buscan empleo renunciaron a su trabajo anterior, 36.9% lo perdió, 7.7% cerró un negocio y sólo 7% no cuenta con experiencia laboral. (Fuente: Carlos Bautista Rojas, Mayo 10, 2013 – Forbes México https://www.forbes.com.mx/ser-madre-en-mexico-segun-las-estadisticas/)




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